
Mi base no es el arte, es la lógica.
Vengo del mundo de la electricidad y los automatismos. Puede parecer que no tiene nada que ver con el diseño web, pero en realidad lo es todo.
En ese mundo, si un cable no conecta donde debe, la máquina no funciona. No hay «interpretaciones artísticas», o funciona o no funciona.
Esa mentalidad estructurada se me grabó a fuego. Aprendí a buscar el fallo en el sistema, a optimizar procesos y a entender que la estructura interna es más importante que la carcasa exterior.
Con apenas 20 años, abrí mi propia tienda de informática y reparación de móviles.
Ahí aprendí lo que significa ser empresario: pagar cuotas de autónomo, lidiar con proveedores y, lo más importante, la necesidad angustiosa de que entren clientes por la puerta.
Para vender más, decidí dar el salto al online. Monté mi primera tienda con PrestaShop y Joomla. Le dediqué horas al diseño, subí todos los productos y esperé.
Resultado: Cero ventas.
Tenía una web, sí. Pero estaba en mitad del desierto y nadie la veía. Así que entendí por las malas que tener una web no sirve de nada si no tienes Tráfico.



Esa frustración me llevó a obsesionarme con el SEO. Quería entender las tripas de Google.
Durante los siguientes 7 años, me convertí en lo que en el sector llamamos un «SEO de Nicho».
No trabajaba para clientes. Creaba mis propios proyectos web en sectores competidos, invertía mi propio dinero y me peleaba con el algoritmo para posicionarlos y monetizarlos con publicidad y afiliación.
Fue mi máster acelerado. Aprendí SEO «de trinchera»:
Aprendí que WordPress bien optimizado gana a cualquier otro sistema.
Aprendí que una web lenta es una web muerta.
Aprendí a estructurar la información no como a mí me gustaba, sino como Google quería leerla.
Vi cómo proyectos feos posicionaban #1 por tener una técnica impecable y cómo webs de 3.000€ se hundían en la página 10 por estar mal construidas.
Después de años rentabilizando mis proyectos, empecé a fijarme en el mercado de servicios web y vi un panorama desolador.
Vi a agencias vendiendo «transformación digital» que consistía en instalar plantillas lentas.
Vi a dueños de negocios frustrados (como lo estuve yo) porque su web bonita no traía ni un solo lead.
Y decidí que era el momento de aplicar todo lo que aprendí en la «guerra» de los nichos para ayudar a negocios reales.
Donde aprendí que si el cableado falla, la estética no sirve de nada.
Donde aprendí que sin clientes entrando por la puerta, no hay negocio.
Donde aprendí a pelear contra gigantes en Google y ganarles la posición.
Olvídate de la jerga técnica y las palabras raras.
Hablaremos en tu idioma: tú controlas tu negocio, yo me encargo de la técnica.
Mi trabajo es coger tu proyecto, desmontarlo como si fuera un ordenador estropeado, limpiar lo que sobra, conectar los cables del SEO donde tocan y devolverte una máquina engrasada para vender.
Si buscas «solo diseño», hay opciones más baratas. Si buscas rentabilidad técnica, estás en el sitio correcto.